18 Febrero, 2011 Comentarios (0) Bitacora

18-02-2011. EN EL CUETO DE ARBAS

Dosmiles Castilla y León

EN EL CUETO DE ARBÁS

Otra cumbre más en nuestro periplo por las montañas de más de dosmil metros de la Comunidad de Castilla y León: El Cueto de Arbás. Tan cerca y tan lejos. A solo cincuenta kilómetros de Ponferrada, pero a nada menos que a trescientos de Valladolid, lo que hace que ida y vuelta se pongan en la friolera de seiscientos. Despúes de eso uno no sabe muy bien si agradece que la excursión para alcanzar esta cima desde el Puerto de Leitariegos sea tan breve o, por el contrario, una vez hecho el viaje, sería preferible que fuese un poco más larga.

Lo cierto es que en esta ocasión casi agradecemos que sea breve por varios motivos. En primer lugar por el hecho de que, puesto que es viernes y por la mañana hay que trabajar, comenzamos a subir a las cinco de la tarde, y aunque los días ya empiezan a ser un poco más largos la luz dejara de acompañarnos a eso de las siete de la tarde. En segundo término agradecemos que la excursión sea corta en el mismo instante en que alcanzamos la cota de los 1900 metros, cogiendo el cresterío que nos conduce hasta la cima, donde el fuerte viento arroja sobre nosotros gotas de agua heladas que nos azotan con fuerza. La niebla y el frio también empiezan a minar nuestra moral cuando en la misma cresta encontramos un cartel que nos anuncia la proximidad de la cima que buscamos: “Cueto de Arbás, 30 minutos por la cresta”. Apretamos los dientes e instintivamente también el paso, con la secreta intención de reducir el tiempo que anuncia el indicador para lograr la cima y bajar cuanto antes. El itinerario, efectivamente por todo el cresterío no tiene pérdida ninguna, pero la intensa niebla nos impide disfrutar como hubiesemos deseado.

Por fin la cima. Una fea antena se eleva en su punto más alto, y junto a ella los horrorosos restos de una caseta semidestruida. Puesto que no hay mal que por bien no venga, las paredes de la caseta nos servirán para protegernos de las fuertes rachas de viento, quitar de los esquís las pieles de foca y preparanos para el descenso. Retomando el cresterio de vuelta, la ventisca que antes nos parecía tan molesta se hace insoportable pues azota de cara y bajamos deslizando con nuestros esquís pero con las manos protegiendo nuestros rostros. Con gafas no se ve nada, y sin ellas mucho menos. Por fin abandonamos la arista y un poco más abajo la temperatura, ya sobre los cero grados, hace que el agua que cae sea en forma de lluvia. Con las últimas luces del día llegamos de nuevo a nuestro punto de partida, calados por fuera pero felices -y secos- por dentro. Cayó el Cueto de Arbás, pero queda pendiente volver otro dia con buen tiempo pues esta zona de la montaña leonesa bien lo merece.

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