8 agosto, 2020 Comentarios (0) Bitacora

EL CANAL DE CASTILLA: UNA RUTA CON MUCHA HISTORIA

 

En estos tiempos que corren,  en que tanto está de moda el turismo histórico, cultural y vinculado a la naturaleza como una alternativa de ocio, es el momento de poner en valor uno de los itinerarios más interesantes de que disponemos en nuestra Comunidad Autónoma y en el que se combinan a la perfección todos estos componentes.

El Canal es la muestra más evidente de que no es suficiente con mirar, sino que hay que hacerlo con atención e intención.

Si nos acercamos a esta ruta con ese espíritu podremos descubrir todo un conjunto de elementos que reclamarán nuestra atención y que nos permitirán rememorar la historia de una época en la que el desarrollo económico y social de muchos de los pueblos castellanos estuvo estrechamente ligado a esta infraestructura.

EL CANAL DE CASTILLA. MUCHO MÁS QUE UN CANAL DE RIEGO

A pesar de que actualmente el uso prioritario de las aguas del Canal es dar servicio al regadío, cabe señalar que esto no fue así cuando, allá por mediados del siglo XVIII, se proyectó su ejecución.

En aquellos años una de las mayores preocupaciones de los gobernantes del país era la de mejorar el tráfico de mercancías por el interior peninsular, pues el mal estado de los caminos y la lentitud del transporte -en carros o a lomos de mulas y burros- impedían un mercado interior ágil y fluido. Así las cosas, el Marqués de la Ensenada propuso a su rey, Fernando VI, la construcción de un sistema de canales navegables que -a imagen de los que estaban construyendo en Francia y en Inglaterra-, permitiesen un tráfico fluido que conectase las tierras castellanas con el norte peninsular.

El pensamiento ilustrado de la época dio alas a este proyecto, que comenzó a fraguarse después de descartar otras opciones como las de hacer navegables los cursos de ríos como el Carrión o el Pisuerga. Si bien los proyectos iniciales pretendían que el extremo más septentrional se colocase en la localidad cántabra de Suances, pronto se advirtió que franquear las montañas del norte exigía unos recursos y medios técnicos desmesurados.

El proyecto finalmente aprobado fue elaborado por el ingeniero francés Carlos Lemaur y el marino Antonio de Ulloa.  El trazado definitivo incluyó tres ramales bien diferenciados: El situado más al norte es el que enlaza las palentinas localidades de Alar del Rey -donde toma sus aguas del rio Pisuerga- con Ribas de Campos.  Por su parte, el denominado Ramal de Campos toma sus aguas del rio Carrión en Ribas de Campos y las lleva hasta Medina de Rioseco, en la provincia de Valladolid. Por último, el Ramal del Sur nace del Ramal de Campos, a la altura del lugar conocido como El Serrón (unos diez kilómetros al noroeste de Palencia) y tras pasar por la capital palentina llega hasta Valladolid.

  RAMAL   DESDE   /   HAS­TA   KMS.   AÑO DE CONS­TRUCCIÓN
  Norte    Alar del Rey / Calaho­rra de Ribas   74,5   1759-1791
  Campos   Calahorra / Medina de Rioseco    78   1753-1849
  Sur   El Serrón / Valla­do­lid    54   1792-1835

La construcción de esta magnífica infraestructura no estuvo exenta de dificultades. A las de tipo económico, se sumaban las derivadas de la necesidad de llevar a cabo “ingenios” que permitiesen dar solución a los problemas que planteaba la ejecución de los trabajos con los limitados medios técnicos de la época. La ejecución material de la misma se llevó a cabo con la mano de obra de jornaleros y campesinos de las localidades cerca­nas, agrupándose en cuadrillas de veinti­cinco hombres bajo la supervisión de un capataz, pagándose los trabajos destajo, aunque diariamente se entregaba en concepto de anticipo «una ración de pan y vino y seis cuartos -un real y medio- por persona, para asegurar su subsisten­cia». En los años sucesivos, la necesidad de acelerar los ritmos de ejecución hizo que se destinaran, además,  un importante número de presidiarios, como ocurrió en el tramo final del Ramal de Campos.

LAS ESCLUSAS Y OTRAS INFRAESTRUCTURAS

La infraestructura más característica del Canal de Castilla son las esclusas, creadas para permitir salvar los desniveles del recorrido del canal sin que las barcazas que transportaban las mercancías tuvieran que hacer costosas maniobras de carga y descarga. Se trata de compartimentos de piedra en los que entraban las barcas y que, a través de un sistema de compuertas accionadas por un sistema de guillotina inundaban o aliviaban el vaso de la esclusa para así salvar el desnivel. A lo largo de todo el trazado del Canal podremos observar un gran número de ellas, siendo las más interesantes de todas las situadas en las localidades de Frómista, donde se acumulan cuatro esclusas unidas, o las triples de Calahorra de Ribas, El Serrón y el Soto de Albúrez.

Igualmente resultan espectaculares y característicos los puentes y acueductos. Los primeros para conectar los dos márgenes del Canal, mientras que los segundos eran pasos elevados para que el propio cauce del Canal pudiera pasar sobre vaguadas y ríos sin variar ni su rumbo ni su pendiente, siendo el más importantes el «Acueducto del Rey» que con cinco potentes arcos salva el cauce del rio Abánades.

LA NAVEGACIÓN POR CASTILLA

En pleno siglo XVII el Canal supuso la irrupción en plena Tierra de Campos de un nuevo elemento de desarrollo, constituido por el tráfico fluvial de mercancías. Se creó, en tierras de secano, toda una estirpe de barqueros. Igualmente, en muchas de las localidades por las que pasaba el Canal se hicieron embarcaderos y almacenes en los que se cargaba el cereal con destino a Alar del Rey, desde donde se transportaba hasta el puerto de Santander, con destino a las Antillas españolas. De aquellos lejanos mundos, se importaban por esta misma vía productos como té y café, que luego se distribuían por los pueblos de Castilla.

Las ventajas del transporte de mercancías por el canal frente al tradicional, a lomos de caballerías, pronto se pusieron de manifiesto, pues la capacidad de carga de una barca de trigo equivalía a treinta carros de bueyes,  doscientos dos mulos o trescientos dos burros. Ello hizo que el número de embarcaciones se fuera incrementando a lo largo de los años, de modo que en 1870 surcaban las aguas del Canal trescientas sesenta y cinco embarcaciones.

Aunque en los primeros momentos las barcazas iban provistas de vela para su tracción, pronto tal sistema se mostraría ineficaz, tanto por la abundancia de puentes -que exigía abatir el mástil para pasar por debajo de ellos, con las consiguientes maniobras de arriado e izado de velas- como por el hecho de que los vientos no siempre resultaban favorables. Así pues, pronto se impuso definitivamente la tracción exclusiva a cargo de tiros de dos o tres mulas que remolcaban las embarcaciones con gruesas maromas o cadenas desde uno de los caminos de sirga, haciéndose necesario el dictado de normas para disciplinar la navegación que imponían, entre otras cosas,  la necesidad de que las barcazas siempre circulasen por su lado derecho para evitar que las sirgas se enredasen al cruzarse dos embarcaciones. Con ello, cada barcaza cargada de cereal recorría una media de 20 kilómetros diarios, con lo que la distancia que separa algunos de sus extremos, como ocurre con Medina de Rioseco y Alar del Rey tardaba en recorrerse unos ocho días.

Más allá de lo anterior, las aguas del Canal no sólo circulaban las barcazas cargadas de mercancías. De hecho existieron varios barcos-diligencia para el transporte de viajeros. En concreto, hubo un servicio diario de pasajeros entre Palencia y Valladolid, que tenía una duración de 6 horas, por el módico precio de 12 reales.

MOLINOS, BATANES Y FÁBRICAS DE HARINAS

Uno de los factores de dinamización de Castilla derivado de la construcción del Canal fueron los establecimientos industriales situados a sus orillas y que dieron ocupación a la población local, dinamizando así la actividad económica.

En un primer momento se limitaban a astilleros, como el de Villaumbrales, que ya funcionaba en 1759 y en el que estuvieron emplea­dos cuarenta jornale­ros que trabajaban construyendo barcas, chalupas, compuertas de esclusas y todo tipo de trabajos de carpintería

Sin embargo, pronto se observó que la fuerza motriz de los saltos de aguas en las esclusas constituía un recurso fundamental para mover la maquinaria industrial. Así se fueron construyendo junto a las esclusas molinos, batanes y fábricas de harinas o, incluso, como ocurría en Olmos de Pisuerga, una fábrica de papel.

RECORRER EL CANAL DE CASTILLA

Recorrer el Canal de Castilla es una de las actividades más gratificantes y al mismo tiempo asequible a todos los públicos para disfrutar andando, corriendo, en bicicleta o a caballo.  Los amplios y buenos caminos que discurren a los lados del curso de las aguas y el escaso desnivel permiten recrearse y al tiempo evadirse en el encanto de esta maravillosa obra de ingeniería hidráulica cargada de historia y de naturaleza.

Además de las alternativas estrictamente asociadas a actividades deportivas, existen  muchas otras opciones para aproximarse a la historia, al recorrido y a los ingenios del Canal de Castilla. Entre todos ellos cabe destacar los paseos en barco que se ofrecen en distintos puntos, fundamentalmente en Herrera de Pisuerga, Villaumbrales y Medina de Rioseco. También resultan imprescindible la visita al Museo del Canal en la palentina localidad de Villaumbrales,  al Centro de Interpretación de Herrera de Pisuerga, a la Fábrica de Harinas de San Antonio en la localidad de Medina de Rioseco, sin faltar los encantos del más absoluto relax en las incomparables instalaciones del hotel de la La Fábrica del Canal en Abarca de Campos.

Recomendaciones para recorrer el Canal de Castilla

Acometer el recorrido por los caminos del Canal de Castilla andando o en bicicleta es una actividad que se encuentra al alcance de cualquiera que tenga un mínimo hábito a caminar o a pedalear. El firme de los caminos es generalmente bastante aceptable, tratándose casi siempre de pistas compactadas.  Por otra parte, si tenemos en cuenta que estos canales fueron construidos para la navegación tanto de norte a sur, como de sur a norte, es fácil llegar a la conclusión de que los desniveles que presenta en su trazado resultan ser mínimos.

Un adecuada planificación del itinerario, conociendo las distancias, los puntos de interés, los lugares de descanso y avituallamiento y, sobre todo las indicaciones sobre la margen que se encuentra en un mejor estado son esenciales para disfrutar de nuestra ruta.

La guía «El Canal de Castilla. Una ruta con mucha historia» (editorial Desnivel) es la  más adecuada y actualizada para acometer cualquiera de los tramos del Canal con la garantía de no encontrarnos con ninguna sorpresa y así podernos dedicar plenamente a disfrutar de nuestro recorrido a orillas del Canal.

 

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