8 agosto, 2020 Comentarios (0) Bitacora

LAS MONTAÑAS MÁS ALTAS DE PALENCIA

Dosmiles Castilla y León

El montañismo, sobre todo en sus orígenes, estuvo impregnado de un cierto halo de romanticismo que en cierta medida aún pervive en algunos aspectos.  La  belleza de las montañas, el componente de aventura, el grado de dificultad o compromiso de la ruta han sido, desde siempre, un aliciente para intentar conquistar sus cimas. No obstante, si hemos de ser realistas no podemos negar que, en la mayor parte de los casos, las cumbres que más atraen a los hombres son aquellas más altas sobre el horizonte.

Esto justifica que cualquier intento de  catalogación de las montañas de una zona (sea ésta una sierra, una región, un país o un continente o cualquier otro ámbito que se nos ocurra) debe tener como referente la altura de sus cimas. No obstante, confeccionar un listado en función de este parámetros no es esta una tarea sencilla pues, en contra de lo que pudiera parecer, son muchas las preguntas a las que tenemos que responder con carácter previo.

CÓMO MEDIR LAS MONTAÑAS

Al día de la fecha, el criterio más comúnmente aceptado para medir la elevación de una montaña es el de su altitud, o lo que es lo mismo, la distancia vertical que existe entre su cumbre y el nivel del mar. El Everest es la montaña más alta del mundo, pues alcanza los 8.848  metros si la medimos desde el nivel del mar.

Sin embargo, este puesto de honor puede resultar cuestionado si utilizamos otros criterios. Así, si tenemos en cuenta la distancia desde la cumbre de la montaña hasta su base podemos ver como el volcán Mauna Kease, situado en Hawái, se lleva el primer puesto. Y es que, aunque su cima no supera los  4.200 metros sobre el nivel del mar, tiene 6.000 metros sumergidos bajo las aguas (en el océano Pacífico), lo que supone que tiene la friolera de 10.200 m desde su base. Calculado de este modo, el Everest quedaría en una posición mucho más discreta, puesto que al encontrarse sobre la elevada meseta del Himalaya, (situada a unos 4.500 metros sobre el nivel del mar), su cumbre desde la base “sólo” estaría a 4.600 metros de altura en su cara norte (a  3.600 metros en la cara sur).

Medido desde su base (y no dese del nivel del mar) el volcán Mauna Kease (Hawái), sería la montaña más alta de la tierra, con 10.200 metros, aunque la mayor parte estarían sumergidos (casi 6.000 metros).

También -llegado el caso-, podría tenerse en cuenta para medir las montañas el criterio de la distancia de su cima respecto del centro de la tierra. Como es sabido, siguiendo este parámetro, el volcán Chimborazo es el que gana la partida, pues su cumbre, a pesar de superar por poco los 6 kilómetros sobre el nivel  del  mar (6.270 metros, para ser exactos), estaría a 6.384 kilómetros del núcleo terrestre. Por su parte, el  Everest con sus casi 9 kilómetros sobre el nivel del mar (8.848 metros), se encuentra a 6.382 kilómetros del centro de la Tierra, lo que supone que, medido así, el coloso ecuatoriano le gana casi  unos dos mil metros de diferencia. Ello  se debe, sin duda, a que nuestro planeta no es redondo, sino achatado por los polos,  ensanchándose más a medida que nos acercamos a las latitudes próximas al ecuador, lo que hace que en esta zona su separación respecto del centro de la tierra sea superior.

Si medimos desde el centro de la tierra, la montañas más alta sería el Chimborazo, cuya cumbre está a 6.384 kilómetros del núcleo terrestre, mientras que el Everest estaría a 6.382 kilómetros.

Sea como fuere, estas interesantes disquisiciones pueden tener interés en una extensión de terreno muy grande (como puede ser todo el planeta), o si medimos montañas que tienen su base sumergida en un fondo marino respecto de otras que la tienen en la superficie continental. Sin embargo, puesto que aquí nos vamos a centrar en las montañas de la provincia de Palencia, la altitud desde la base o desde el centro de la tierra nos va a arrojar unas mediciones muy similares, con lo que decantaremos por el criterio «clásico» de la altitud, que es el que toma como referencia el nivel del mar.

QUÉ PODEMOS ENTENDER POR «MONTAÑA»

Si la determinación del criterio para medir montañas no resulta pacífica, mucho más arriesgado es aventurarse en intentar definir «qué es una montaña».  Esto, que a simple vista es una tontería, no lo es tanto si reflexionamos un poco al respecto. Basta con prestar atención a cualquier cordal que conozcamos (el que une Curavacas con el Espigüete, o el que transcurre desde el Peñalabra al Valdecebollas). A lo largo de los mismos se suceden un buen número cumbres, todas ellas muy altas -incluso por encima de dos mil metros de altitud-. Indudablemente algunas de ellas presentan una mayor identidad respecto de otras, bien por ser más altas bien, por ser más esbeltas o verticales o incluso por el simple hecho de estar separadas respecto del conjunto, circunstancias que les otorgan una personalidad diferenciada. El problema estriba en determinar, de entre todas esas cotas, cuáles podrían ser consideradas como «montañas» … ¿todas?, ¿alguna? … Dicho de otra forma, ¿qué criterio utilizar?

Si acudimos al diccionario de la Real Academia de la Lengua, no se nos aclara mucho la cosa «MONTAÑA: Del lat. vulg. *montanea, der. del lat. mons, montis ‘monte’.1. f. Gran elevación natural del terreno». Los diccionarios geográficos tampoco aclaran más la cuestión, en la medida que no establecen un parámetro claro a estos efectos.

Evidentemente no vamos nosotros ahora a inventar nada. Este problema ha sido común y recurrente a lo largo de la historia a la hora de hacer cualquier catálogo de montañas, en esa obsesión humana -casi enfermiza- de clasificarlo todo. Los criterios empleados unas veces se han obtenido casi de forma intuitiva, en el mejor de los casos intentando conciliar el consenso de un grupo de expertos. Sin embargo, esos listados siempre han resultado polémicos, pues al primar un criterio subjetivo rápidamente se han alzado voces cuestionado el porqué determinadas cumbres se incluían y porqué no otras.

Existen, sin embargo, otros listados que sí que han alcanzado un mayor grado de aceptación. Los ochomiles del planeta, los cuatromilesde los Alpes, los tresmiles de los Pirineos, son algunos de ellos. En todos ellos emplearon parámetros objetivos para diferenciar las cumbres más importantes respecto de aquellas otras que no lo son tanto.

Ciertamente, basta con observar las montañas desde lo lejos para comprobar que no todas destacan lo mismo. Incluso vemos que hay pequeños picos muy altos que pasan casi desapercibidos, mientras que hay otras montañas muchos más bajas que tienen una gran identidad.  Quizás esto se entienda mejor si decimos que el Pico Lezna (2.207 metros) tiene más identidad «como montaña» que algunas de las cumbres secundarias situadas bajo la cima principal del Curavacas (como es el caso del Pico Medio o Pico Oeste), y ello a pesar de que éstas tengan una altura próxima a los 2.500 metros. La razón es que el Lezna es una montaña por sí sola, una mole bastante aislada con identidad propia, mientras que las otras dos cumbres, a pesar de ser más altas no dejan de ser pequeñas cotas situadas por debajo de la cumbre principal  del Curavacas y que apenas destacan en la cresta que desciende hacia el oeste. La muestra más evidente de que esto es así es que la mayoría de los montañeros que hayan alcanzado en alguna ocasión la cumbre principal del Curavacas seguramente preferirán subir por primera vez la cima Lezna antes que la de los más altos picos Medio y Oeste del Curavacas (a pesar de que éstos últimos sean más altos). Y seguramente si se les pidiera una explicación argumentarían el hecho de que «al Curavacas ya han subido».

Sólo con observar las montañas desde lo lejos comprobamos que no todas destacan lo mismo. Hay picos muy altos que pasan casi desapercibidos, mientras que hay otras montañas muchos más bajas que tienen una gran identidad.

Esto explica que uno de los parámetros objetivos habitualmente empleados para realizar estos listados sea la identidad de una montaña -o lo que «sobresale»- en un entorno determinado. Esto se mide a través del parámetro de la prominencia, de modo que cuanto más alto sea el valor de prominencia de una montaña, ésta tendrá mayor importancia dentro de ese entorno. La UIAA (Unión Internacional de Asociaciones de Alpinismo) adoptó hace años este criterio de prominencia como fundamental a estos efectos y es el que se ha tenido en cuenta para confeccionar los listados de cumbres que ha validado dicho organismo, como ocurre con el de los catorce ochomiles. De hecho, si acudimos a estas grandes cordilleras podremos ver cómo junto a la cumbre principal del K2, situada a 8.600 metros hay una cumbre secundaria (situada al SW) que supera los 8.580 metros y que no está incluida en dicho listado. Otro tanto de lo mismo sucede con otro de los ochomiles, el Kangchenjunga (8.586 metros), en cuya cresta somital existen otras tres cumbres secundarias, todas ellas de escasa identidad pero que están por encima de los 8400 metros. En el caso del Everest o del Lohtse, la situación se repite, con cumbres secundarias por encima de los ochomil metros.

A la hora de confeccionar la lista de los ochomiles que todos conocemos, estas altas cumbres no se incluyeron, pues a pesar de su tremenda altitud tenían una discreta relevancia. Si observamos con atención el listado adjunto podremos observar cómo de «los catorce» (resaltados en negro), el que menos «destaca» sería el Lohtse, con 610 metros. Como vemos, existen además de esos 14 muchos otros ochomiles, pero como ya adelantamos antes, los que no se incluyen en la mítica lista es porque tienen muy poca identidad -entre 181 metros de prominencia del Broad Peak Central y 10 metros de algunas de las cumbres secundarias del Lohtse-.

La UIAA (Unión Internacional de Asociaciones de Alpinismo) adoptó hace años el criterio de prominencia para determinar la importancia de una montaña, siendo el empleado para hacer el listado de los «catorce ochomiles».

Si queremos medir lo que «destaca» una montaña, basta con buscar las montañas más altas que la rodean y analizar la diferencia de alturas entre la primera y el punto bajo (brecha o collado) de más altura que lo une a una cima más alta. Dicho de otro modo, la prominencia sería el desnivel mínimo que hay que descender desde la cumbre de una montaña para llegar a otra más alta. Quizás la manera más gráfica de explicarlo es imaginar que cubrimos toda la faz de la tierra con agua hasta la cumbre de la montaña cuya prominencia vamos a medir. A continuación iríamos bajando el nivel del agua hasta encontrar una lengua de tierra firme (sin inundar) que una esta montaña otra más alta. El punto más bajo de tierra hasta que hemos tenido que bajar el  nivel del agua para unir ambas cumbres (será un collado) es el que nos permite calcular lo que destaca esa montaña.

La prominencia sería el desnivel mínimo que hay que descender desde la cumbre de una montaña para llegar a otra más alta.

Así, si por ejemplo queremos saber lo que destaca el Espigüete en su entorno deberíamos pensar que inundamos todo Fuentes Carrionas de agua hasta su cumbre (2.451 metros). Haciéndolo así, si nos situásemos de pie en su cima, estaríamos totalmente rodeados de agua por todas partes. En el horizonte solo veríamos, sobre el nivel de las aguas, hacia el este, un islote constituido por la cima principal del Curavacas (este), situada a 2.524 metros, unida a la cumbre central (Pico Medio, 2.489 metros) por un collado que también emergería de las aguas por estar a 2.464 metros. Un poco separada por las aguas, tendríamos en una segunda isla, la cumbre oeste del propio Curavacas (2.500 metros). Hacia el nor-noroeste también se podrían ver algunas tres pequeñas islas más. La más próxima sería la de la cumbre del pico Cuartas (2.452 metros), un poco más allá la del Tres Provincias (2.498 metros), y al fondo el islote en el que estarían Peña Prieta (2.540 metros) con el Pico del Infierno (2.538 metros).

Ahora pensemos que el agua empieza a descender. Se trata de encontrar a cuál de estas cumbres podríamos llegar primero sin mojarnos los pies. Sin duda esa cumbre sería la del Pico Cuartas (marcado en el gráfico adjunto con un círculo rojo). La ruta por tierra firme nos llevaría por el cresterío del Murcia y Peñas Malas siendo el punto más bajo de esta ruta el collado de Mazobre (situado a 1.969 metros). De este modo, la diferencia de altitud entre este punto y la cumbre del Espigüete (2.451-1.969=482 metros) es la prominencia del Espigüete.  Para entendernos,  la prominencia nos la daría la altitud que tendría esa montaña si en ese collado estuviera el nivel del mar.

Para conocer la prominencia del Pico Cuartas  operaríamos del mismo modo.  En este caso, al inundar todo a su alrededor solo veríamos las islas a nuestro alrededor serían la del Tres Provincias, la de Peña Prieta y Pico del Infierno, y más lejos, la del Curavacas. Con descender el nivel de las aguas hasta el collado de Bobias, situado a 2.302 metros, podríamos llegar andando hasta la cumbre del Tres Provincias (marcado con un círculo azul), lo que determina que la prominencia de aquel sea de 150 metros, muy pequeña a pesar de ser más alta que el Espigüete.

El punto siguiente sería preguntarse qué prominencia puede ser considerada como  mínima para que podamos hablar de una «montaña». Establecer un límite no es complejo, lo difícil es que ese límite pueda ser aceptado por todos como «razonable». La  UIAA a la hora de validar el listado de los cuatromiles de los Alpes intentó buscar ese consenso, para lo cual fijó dos parámetros distintos. Por una parte consideró que solo las más grandes elevaciones del terreno podrían ser consideradas como «montañas», calificativo que reservaría a aquellas que tuvieran una prominencia de 300 metros o más. Este criterio, aleatorio, como otro cualquiera, tuvo una referencia en el ámbito montañero, pues equivalía a diez largos de cuerda de la «época clásica».

Del mismo modo, la UIAA consideró que existían un sinfín de cumbres de menor prominencia que, aunque no pudieran ostentar el calificativo de montañas, también deberían ser tenidas en cuenta, aunque tuvieran  la consideración de cumbres «secundarias». Para éstas se acordó exigir una prominencia de, al menos, 30 metros (un largo de cuerda).

Como ya hemos apuntado, la lista de los ochomiles también tiene en cuenta criterio prominencial. Los catorce cumbres que se incluyen son tan sólo las «montañas» o cumbres «principales», siendo el Lothse -como ya vimos-, la menos prominente de todas (con 610 metros). Sin embargo,  si incluimos tanto las cumbres principales como las secundarias por encima de los 8.000, el listado comprendería un total de 35 cumbres (las que aparecen en el listado que aquí facilitamos).

De hecho, todos hemos oído hablar recientemente de una propuesta de The Nepal Mountaineering Association  de «ampliar» el número de ochomiles, propuesta que intenta incluir en esa lista, reservada en principio sólo a las cumbres «principales» a todas las elevaciones de más de 8.000 metros de altura que tengan una prominencia superior a 60 metros. Esta iniciativa sin embargo, no responde a otro criterio que el estrictamente comercial, pues en palabras de la propia asociación, al incluir seis cumbres nuevas, atraería más expediciones a Nepal, lo que incrementaría el ingreso por permisos, abriría nuevas oportunidades de trabajo y estimularía la economía local y nacional.

En el caso de los tresmiles de los Pirineos, la famosa lista elaborada en 1990 por el equipo de Buysé incluía un total de 17 cumbres con una prominencia superior a los 300 metros. Sin embargo, a la hora de incluir en el inventario las cumbres secundarias observaron que fijando la prominencia mínima en 30 metros quedarían fuera muchas cumbres con gran tradición montañera, con lo que, a pesar de la oposición de algún sector, se optó por colocar la mínima prominencia exigida 10 metros. De este modo, el listado final, incluyendo cumbres principales y secundarias alcanzó las 212 cumbres.

LAS MONTAÑAS MÁS ALTAS DE PALENCIA

Tanta explicación parece necesaria para hacer cualquier listado, pero mucho más en el caso paradigmático de la provincia de Palencia, donde la primera pregunta es si la montaña más alta de la provincia es el Pico del Infierno (2.538 metros) o el Curavacas (2.524 metros). Depende, contestaría un gallego.

No cabe duda de que si vamos exclusivamente a los datos altimétricos el «techo» de la provincia es el Pico del Infierno. Sin embargo, quien ha estado allí sabe perfectamente que este punto no es sino una pequeña elevación del terreno situado en la provincia de Palencia, a poco más de ciento cincuenta metros de distancia al sur de la cumbre del Peña Prieta (2.540 metros ) -que pertenece a la vecina comunidad de Cantabria-, y escasos dos metros más baja que aquella. Veamos su prominencia, volviendo al gráfico anterior. Así si desde su cumbre inundamos todo a nuestro alrededor desde este punto solo veríamos dos islas. Una muy lejana, constituida por las elevadas cumbres de Picos de Europa (aquellas que fueran más altas que nuestro pico). La otra muy próxima, la cumbre del Peña Prieta. Descendiendo el nivel de las agua tan sólo veinte metros (hasta los 2.518 metros) podríamos encontrar ya el collado con tierra firme que nos permitiría pasar sin mojarnos los pies hasta la cumbre cántabra. De este modo, la prominencia de la Peña del Infierno estaría tan solo en esos veinte metros.

Siguiendo al pie de la letra los criterios de la UIAA, el Pico del lnfierno, siendo el techo de Palencia, no podría ser considerado una montaña. No dejaría de ser una pequeña cota dentro de una montaña principal, Peña Prieta.

En el caso del Curavacas, la cumbre más alta a la que podríamos llegar bajando lo menos posible sería precisamente la Peña del Infierno, situándose el punto que marca la prominencia en el collado del Ves, situado a 2.067 metros, lo que hace que tenga una gran prominencia (457 metros, para ser exactos).

El Pico del Infierno es el punto más alto de la provincia de Palencia (2.538 metros), pero su escasa prominencia -20 metros- determina que no tenga identidad suficiente para ser considerada montaña con los criterios de la UIAA. La montaña más alta de la provincia sería el Curavacas (2.524 metros)

Para confeccionar el listado de las montañas y cumbres de la provincia de Palencia que superan los dos mil metros será necesario hacer similares mediciones respecto de todas y cada una de las cotas «mínimamente relevantes» que superan dicha altitud, tarea en la que se ha empleado a fondo nuestro buen amigo montañero y geógrafo Francisco Miguel García Gómez.

Los resultados de su investigación se recogen de forma resumida en este listado:

Vemos, por tanto, como un listado de los dosmiles de la provincia de Palencia similar al de los ochomiles, nos dejaría con un total de seis montañas con una prominencia superior a los trescientos metros.

La más alta de todas sería el Curavacas (2.524 metros), que como hemos visto tiene una prominencia de 457 metros. Otras cinco cumbres más tendrían, según este criterio, la consideración de montañas en nuestra provincia:

En el caso del Espigüete (2.451 metros), como hemos visto su prominencia se mide con respecto al pico Cuartas, siendo el collado de referencia el collado de Mazobre, situado a 1.969 metros.

La tercera montaña más alta sería el Pico Lezna (2.207 metros),  que en el cálculo de su prominencia acude a la Peña del Infierno, con el collado de Vega la Canal, a 1.718 metros como punto de referencia.

Los 2.174 metros del Cuchillón, situado en el cresterío de Peña Labra, hacen de ella la cuarta montaña más alta de Palencia. En este caso, el collado que sirve para el cálculo sería el Puerto de Piedrasluengas, situado a 1.355 metros, que le une a un cumbre más alta, que en este caso sería el pico Lezna.

En quinto lugar, en el ranking de montañas más altas de la provincia, estaría la Horca de Lores, con 2.021 metros. En este caso descendiendo tan sólo hasta el collado de Descansaburros o de la Cruz de Tañuga, situado a 1.640 metros, podríamos llegar a la cumbre del Pumar (2.065 metros).

La lista de las cumbres de más de dos mil metros de Palencia con una prominencia superior a los trescientos metros se cierra en la Sierra del Brezo, con la Peña del Fraile (2.005 metros). En este caso, la cumbre más alta a la que podríamos llegar bajando  lo menos posible sería el pico Carazo (2.007 metros). El collado en que se situaría ese punto de «mínimo descenso» y que nos permitiría calcular la prominencia sería en el Alto de la Varga, por donde discurre la “Carretera de los Pantanos (P-210)” situado a 1.429 metros.

Junto a esas seis cimas principales, otros cuarenta más dosmiles palentinos podrían catalogarse también como cumbres -aunque éstas fuesen «secundarias» por tener una prominencia de treinta metros o superior-, y que son los que aparecen en la lista que se adjunta.

Por debajo de los treinta metros de prominencia sería posible incluir en ese listado de dosmiles treinta y cinco cumbres más, pero estas ya con una identidad muy pequeña. El listado completo con las ochenta y un cumbres de más de dos mil metros de la provincia, con su altitud y prominencia,  por zonas, lo puedes consultar en esta misma página web www.dosmilescastillayleon.com

En cualquier caso, datos son datos, y siempre resultan más fríos que una ventisca traicionera azotando del norte en el cordal de Peñas Malas. Mientras estás metido en medio no sabes que haces en ese lío, pero cuando llegas al confort de tu casa puedes sacar alguna conclusión, por pequeña que ésta sea.

En este caso, quizás hayamos aprendido algo sobre los criterios con que se elaboraron listas como las de los tresmiles, cuatromiles, ochomiles que tan de moda parecen estar últimamente. También nos podremos reconfortar de los fríos datos con el tibio consuelo de tener a nuestra disposición de una lista de las montañas y cumbres secundarias que incluye las montañas de más de dos mil metros de la provincia de Palencia, elaborada con los mismos criterios que se han empleado para aquellas otras tan conocidas. Esto siempre está muy bien, no sólo a título meramente anecdótico, sino también -fundamentalmente- si nos sirve de excusa o motivación adicional para marcarnos nuevos retos u objetivos para salir a disfrutar del monte.

Sin embargo, no dejan de ser de fríos datos que, por lo demás ni ponen, ni quitan. El calor verdadero es el que proporciona la satisfacción de subir a aquella cumbre que nos hayamos marcado como objetivo, el calor que nos transmite la belleza de la montaña, lo grandioso del día en el campo, el recuerdo de los momentos vividos imborrables en nuestra memoria, sin que tenga mayor transcendencia que la puramente anecdótica cuán alta o prominente sea.

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