2 Diciembre, 2012 Comentarios (0) Bitacora

TRASTEANDO POR EL PUERTO DE TORNAVACAS

Dosmiles Castilla y León

 

Ya han llegado las primeras nieves. La información meteorológica había anunciado nieve en todo Castilla y León en cotas muy bajas. Y esta vez acertaron.

Nuestros colegas, que viven más cerca de las montañas del norte de la Comunidad mandaban las primeras crónicas de sus primeras actividades con esquís en esta temporada, y a nosotros se nos ponían los dientes largos. Puesto que todavía nos quedaban algunas montañas en la zona del Barco de Ávila, junto al puerto de Tornavacas, nos apresuramos a visitar las webcam de la estación de esquí de la Covatilla y parece que sí, que hay nieve para calzarnos los esquís, de forma que nos cargamos con los atuendos de travesía y nos dirigimos hacia esta zona, ya en el límite con la provincia de Cáceres.

El día amanece despejado e invita al disfrute, y las dos montañas que nos proponemos a ascender si tienen nieve pueden ser muy agradables para comenzar el esquí esta temporada. Se trata de dos dosmiles muy justos, tanto por su altitud como por su prominencia, pero indudablemente hay muchos así en nuestra lista. Al este del puerto de Tornavacas se levanta el pico Chorrera, que se integra claramente en las últimas estribaciones del macizo occidental de la sierra de Gredos, después de otros más conocidos, como es el caso de la Covacha y la Azagaya. El otro, el pico Campana, se localiza al oeste del puerto, dibujando la alineación de la sierra de Béjar y por encima de la Laguna del Duque. Un entorno muy poco visitado para los montañeros que prefieren otras zonas mucho más espectaculares situadas poco más lejos. Pero , quizás también por ello, estas montañas tienen ese encanto tan particular.

Llegamos al puerto de Tornavacas a eso de las 11 de la mañana. Allá …, al fondo.., en las cumbres …, quizás por encima de los 1600 metros, se atisba un poco de nieve. Insuficiente claramente para realizar la ascensión con esquís. Nuestro gozo en un pozo. Mucho más inteligentes que nosotros los amigos que nos acompañan: Silvia, Nuria, Andrés y David, que ni se habían planteado el tema de esquiar.

Atacamos en primer término el pico de la Campana. Aprovechamos que hay una pista forestal en muy buen estado hasta cerca de los 1500 metros para hacer la aproximación más rápida y así poder intentar sumar las dos cumbres en un solo día. La nieve hace acto de presencia en la pista que asciende poco después de esta cota. Muy suelta y nada compactada. Hemos hecho bien en no subir hasta aquí los esquís. Corremos, los más vehementes, rápido hasta la cumbre intentando no perder el camino hitado que sale desde la misma pista y no tardamos mucho tiempo en llegar a la cima. Una cumbre curiosa, la de La Campana, donde enormes bloques de piedra de formas redondeadas se acumulan de forma desordenada en lo que parece un intento desesperado de llegar hasta el cielo. El hielo acumulado en las grietas justo bajo el bloque cimero hace que llegar a ese punto culminante se convierta en peligroso (quien nos iba a decir que nos podría haber venido bien una cuerda!!). Esta vez no tocamos la misma cumbre y marcamos en nuestro gps el punto, en lo que no serán ni cuatro metros por debajo de la roca helada.

Sin tiempo para tomar más que un sorbito del sabroso caldo que lleva Eduardo, nos lanzamos hacia abajo y muy cerca de la cima nos encontramos con el resto del grupo que asciende disfrutando mucho más del paisaje que nosotros. El sofocón nos viene por la idea de coger cuanto antes el coche e intentar ascender desde el puerto de Tornavacas hacia el pico Chorrera antes que se haga de noche.

Como era previsible, a pesar de que la pista está en muy buenas condiciones, pronto nos encontramos con una cancela cerrada que nos bloquea el paso y tenemos que seguir a pie. Hay que apretar el paso, pues no nos podemos dejar esta cumbre tan separada de todas las demás cuando estamos tan cerca. La pista llega dando muchas vueltas hasta la antecima y, desde ella, un cortafuegos junto a una alambrada nos lleva a la misma cumbre. Foto, abrazos y corriendo de nuevo para abajo. Llegamos al coche ya prácticamente sin luz, pero con la satisfacción del objetivo conseguido a pesar de no habernos podido calzar las tablas. Otra vez será …

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