13 diciembre, 2016 Comentarios (0) Bitacora

UN SIGLO DE PARQUES NACIONALES EN ESPAÑA

Dosmiles Castilla y León

Los Parques Nacionales cumplen un siglo de su existencia. El 7 de diciembre de 1916, el rey Alfonso XIII firmó la Ley por la que se crea en España la figura de los Parques Nacionales, publicándose su texto en la Gaceta de Madrid el  día 8 del mismo mes, hace hoy cien años.

¿No hay Santuarios para el Arte...? ¿Por qué no ha de haber Santuarios para la Naturaleza, para la Madre Naturaleza?

La norma supuso un hito esencial en la protección del medio ambiente en nuestro país, siendo la primera de las siete normas que se han venido dictando en España para regular esta materia. El aniversario que hoy celebramos bien merece echar la vista atrás con melancolía hacia las circunstancias en las que se enmarcó su aprobación.

guadarrama3Para contextualizar aquel acontecimiento debemos señalar que la figura de los parques nacionales llegó a España cuarenta y cuatro años después de la creación de esta categoría a nivel mundial. Fue en los EEUU de América, donde en 1872 se diera el primer paso, con la creación del Parque Nacional de Yellowstone, mientras que en Europa el primer antecedente lo encontramos en Suecia en el año 1909.  Estas actuaciones  resultaban claramente sintomáticas de  una conciencia que se iba generando a lo largo y ancho de todo el mundo de puesta en valor y protección de los parajes naturales. En España estos impulsos fueron ya tempranamente defendidos por los librepensadores, uno de los cuales, el ilustre naturalista Odón de Buen sería el primero en plantear en el Senado, en 1907, la creación de Parques Nacionales en España, iniciativa que no llegó a culminar con éxito.

Eran años en que se experimentó un importante acercamiento de la sociedad a las montañas. Giner de los Ríos y la Institución Libre de Enseñanza ya en las últimas décadas del siglo XIX pusieron en práctica la asociación del paisaje a sus ideas y proyectos, a su horizonte intelectual, educativo y político, conformando una nueva forma de ver la montaña. La práctica excursionista y deportiva en la Sierra, casi inexistente todavía por aquellas fechas, se fue incrementando gradualmente a partir de estos momentos. De este modo, en 1903 el entusiasta Manuel González de Amezúa fundó un club para practicar el alpinismo y el esquí, que sería el germen del Club Alpino Español creado en 1908, con sede en el puerto de Navacerrada. Cinco años más tarde, en 1913 se crearía también en Madrid la Sociedad Alpina Peñalara. En Cataluña ya desde 1876 venía funcionando la Sociedad Excursionista de Cataluña, sociedad que sería la promotora, unos años más tarde (en 1914)  de la creación del Parque Nacional de la Montaña de Montserrat, lo que representó, de hecho, el segundo intento en nuestro país de llevar adelante la protección de los parajes naturales a través de la figura de los parques nacionales. En esos mismos años el movimiento Scout fundado en Inglaterra en 1907 se extiende por todo el mundo, llegando a España en 1913 con el objetivo de acercar a los niños a la naturaleza, rodeado no obstante de polémicas suscitadas por sus connotaciones militaristas.

En ese interesante contexto, aparecería la figura del asturiano D. Pedro Pidal y Bernaldo de Quirós, Marqués de naranjoVillaviciosa de Asturias (1870-1941). Hijo de familia “noble” D. Pedro era un hombre polifacético: político, jurista, periodista, escritor, cazador, y deportista. Gran apasionado por la caza, su destreza hizo que en 1900 participase en París, en el seno de los Juegos Olímpicos -que allí se celebraban- en la competición «tiro al pichón», quedando en segunda posición, lo que le valió el reconocimiento como la primera medalla lograda en la historia del olimpismo español. Esa afición fue la que precisamente le llevaría en su juventud a participar en jornadas de caza en Picos de Europa, donde empezaría a conocer las montañas de la zona, lo que sería el germen de su pasión por la naturaleza.

Hay quien considera que él fue el primer montañero español por sus ascensiones a importantes cumbres de Picos de Europa. De hecho, este noble asturiano estaba obsesionado con lograr ascender al  Naranjo de Bulnes, esa cumbre de más de 2.500 metros de altitud que, aún sin ser la más alta de todo el Macizo, sí es la más vertical y desafiante de cuantas pueblan los Picos de Europa y que por aquellas fechas todavía no había sido ascendida por nadie. Don Pedro quería ser el primero en hollar su cima, para lo cual se desplazaría a Chamonix, para formarse en el arte de la escalada, donde llegaría a ascender la impresionante Aguja del Dru, de 3.755 metros de altitud. Desde allí fue a Londres, donde adquirió una buena cuerda de pita para su escalada al Naranjo. Para su hazaña recabaría la experiencia y conocimiento del medio de  un pastor local, Gregorio Pérez, «el Cainejo» conocido por su valentía y bravura. De este modo, el 5 de agosto de 1904,  tras una épica ascensión esta singular pareja conseguiría hacer cima en el mítico Naranjo de Bulnes, toda una hazaña teniendo en cuenta los medios y técnica de la época.

Doce años después de aquella proeza, en el mes de mayo de 1916, el mismo Marqués de Pidal sería quien asumiera laimg_1214480055_263 presentación en el Senado de una proposición de ley relativa a la creación en España de los Parques Nacionales. Lejos de planteamientos científicos, la propuesta partía de una visión romántica de la naturaleza, conectando el paisaje tal y como propugnaba la Institución Libre de Enseñanza. Así, partiendo de la consideración de que “Nada cautiva tanto la voluntad como la hermosura”, el Marqués, en su discurso ante el Senado defendió que si “un castillo, una torre, una muralla, un templo, un edificio, se declara Monumento Nacional para salvarlo de la destrucción. ¿por qué un monte, excepcionalmente pintoresco, con sus tocas de nieve, sus bosques seculares, su fauna nacional y sus valles paradisiacos no ha de declararse Parque Nacional para salvarlo de la ruina?… ¿No hay Santuarios para el Arte? ¿Por qué no ha de haber Santuarios para la Naturaleza, para la Madre Naturaleza? “Crear parques nacionales como en otras naciones se ha hecho, procurando su fomento, su embellecimiento, y sobre todo conservar las bellezas naturales de algunos sitios que, descuidadas, podrían perderse, es cosa que sólo aplauso merece

La prensa madrileña recogía la iniciativa con un cierto escepticismo: “Tengo para mí que el proyecto de ley leído y defendido últimamente en el Senado por su autor, el Marqués de Villaviciosa de Asturias, no pasará de ser “tomado en consideración”: No están todavía en España suficientemente arraigados estos ideales “pro Natura” (GRAN VIDA, Revista Ilustrada de Sports, num. 157, Madrid junio-julio de 1916).

El texto de la Ley finalmente aprobado por las Cortes Generales y posteriormente rubricado por el rey Alfonso XIII, con tan sólo tres artículos se limitaba a establecer las  bases para el desarrollo de esta figura. Así concebía los Parques Nacionales como “aquellos sitios ó parajes excepcionalmente pintorescos, forestales ó agrestes del territorio nacional”. Determinaba, además, de forma clara que esta figura tendría “el exclusivo objeto de favorecer su acceso por vías de comunicación adecuadas y de respetar y hacer que se respete la belleza natural de sus paisajes, la riqueza de su fauna y de su flora y las particularidades geológicas é hidrológicas que encierren, evitando de este modo con la mayor eficacia todo acto de destrucción, deterioro ó desfiguración por la mano del hombre”.  Finalmente, el texto normativo finalizaba con un mandato dirigido al Ministro de Fomento para que procediera a su creación de acuerdo con los dueños de los sitios, para que abordase la reglamentación de  los que vaya creando, y para que consignara en los Presupuestos las cantidades necesarias para su sostenimiento.

La regulación, ciertamente escueta, constituía no obstante, la base sobre para el desarrollo de un interesante modelo, permitiendo que España fuera uno de los países pioneros en Europa en la apuesta por la protección de la naturaleza. A su amparo se declararon en 1918, los dos primeros parques nacionales españoles, el de la Montaña de Covadonga (hoy Parque Nacional de Picos de Europa) y el de Ordesa, modelo que luego tendría continuidad en la década de los años cincuenta con la declaración de los parques del Teide y Caldera de Taburiente y de Aigües Tortes y Lago de San Mauricio.

A día de hoy existen en España un total de quince Parques Nacionales. Junto a los ya señalados se suman los de Doñana, Tablas de Daimiel, Timanfaya, Garajonay, Archipiélago de Cabrera, Cabañeros, Sierra Nevada, Islas Atlánticas de Galicia, Monfragüe y Sierra de Guadarrama. Todos ellos son herederos de aquellos ideales “pronatura” de los que ya daba cuenta la gacetilla madrileña en los albores del siglo XX  con un cierto escepticismo y de la pasión con que el Marqués de Pidal defendió en el Senado  hace cien años la necesidad de aquella norma. “Y es que el amor a la madre Naturaleza progresa al unísono en todos los países cultos y en todas las almas accesibles al sentimiento estético. Existen almas inestéticas, es verdad, que permanecen con indiferencia estulta ante el paisaje; pero la mentalidad de esas no cuenta

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